Abularach partió en 1959 con una beca de estudios a Nueva York, ciudad en la que decidió radicarse y desde donde ha realizado lo más relevante de su producción plástica.
El realismo, en la obra de Rodolfo Abularach, constituye una auténtica experiencia humana y una manera de manifestar su yo interior. Sus concepciones básicas son testimonios que ilustran la realidad tangible del ser humano.
En su visión de conjunto subyacen energías creadoras, que surgen como símbolo e imagen, que justifican la fe del autor por crear un orden puro y supremo. Excelente dibujante y grabador, en sus obras coinciden la técnica más firme y rigurosa cuyo oficio está al servicio de su creación. En estas últimas surge una imaginación "barroca" y un tanto agresiva. En la etapa de los "Ojos" en donde cada elemento, cada línea de gran precisión y de gran pureza de contenido crean un sentido de rara voluptuosidad